Las fracturas de pelvis son un grupo de lesiones muy heterogéneo. Bajo el mismo nombre conviven desde una fisura estable en una persona mayor tras una caída simple, hasta una lesión de alta energía por accidente de tránsito que compromete la vida del paciente en las primeras horas. Entender esta diferencia es clave para saber qué esperar del tratamiento.
¿Por qué la pelvis es distinta a otros huesos?
La pelvis es un anillo óseo que protege órganos, vasos sanguíneos y nervios importantes, y que además transmite el peso del cuerpo hacia las piernas. Cuando ese anillo se rompe en un solo punto, generalmente permanece estable. Pero cuando se rompe en más de un punto, el anillo pierde su forma y puede volverse inestable, tanto desde el punto de vista mecánico como vital, por el riesgo de sangrado asociado.
Dos escenarios muy distintos
Fracturas de baja energía: son las más frecuentes en personas mayores con osteoporosis, tras una caída de su propia altura. Suelen ser estables y se tratan con control del dolor, movilización precoz y rehabilitación, sin necesidad de cirugía en la mayoría de los casos.
Fracturas de alta energía: ocurren en accidentes de tránsito, caídas de altura o aplastamientos. Aquí el anillo pélvico suele estar roto en más de un punto, hay riesgo real de sangrado interno y con frecuencia se asocian a lesiones de otros órganos. El manejo inicial se centra en estabilizar al paciente antes de decidir cualquier cirugía definitiva.
¿Cómo se clasifican?
Para describir una fractura de pelvis se usan clasificaciones que agrupan las lesiones según la fuerza que las produjo y cuán estable quedó el anillo. Una de las más usadas es la de Young y Burgess, que distingue cuatro mecanismos:
- Compresión lateral (LC): un golpe por el costado de la pelvis. Va desde el grado I, con fracturas por compresión del sacro y de las ramas del pubis que suelen ser estables, hasta el grado III, una lesión grave en la que el lado opuesto de la pelvis además puede abrirse.
- Compresión anteroposterior (APC): la pelvis se abre como un libro, por ejemplo en un atropello o un aplastamiento frontal. En el grado I el pubis solo se separa levemente y el anillo sigue estable; en el grado II se lesionan los ligamentos anteriores de la articulación sacroilíaca y la pelvis se vuelve inestable para la rotación; en el grado III se rompen también los ligamentos posteriores y la inestabilidad es completa.
- Cizallamiento vertical (VS): la fuerza desplaza una mitad de la pelvis hacia arriba. Es una lesión inestable en todos los planos, típica de caídas de altura, y casi siempre requiere cirugía.
- Mecanismo combinado (CM): asociación de dos o más de los patrones anteriores.
Esta clasificación es útil porque orienta el tratamiento: los patrones estables suelen tratarse sin cirugía, mientras que los inestables, sobre todo con inestabilidad vertical, requieren fijación quirúrgica.

¿Cuándo se opera?
La cirugía se plantea cuando la fractura es inestable, cuando hay un desplazamiento significativo del anillo pélvico, o cuando la lesión compromete la congruencia de la articulación de la cadera. El objetivo de la fijación quirúrgica es restaurar la estabilidad del anillo para que el paciente pueda sentarse, pararse y caminar de forma segura durante la rehabilitación, evitando la inmovilidad prolongada, que en pacientes mayores es en sí misma una fuente de complicaciones. Algo similar ocurre en la fractura de cadera del adulto mayor, donde la rapidez del tratamiento también marca la diferencia: lo explico en por qué importan las primeras 48 horas. Puedes ver más sobre las técnicas de fijación en la página de fractura de pelvis, y sobre las lesiones que comprometen la articulación de la cadera en la de fractura de acetábulo.

La recuperación
El tiempo de recuperación varía mucho según el tipo de fractura y el tratamiento realizado, pero en general hablamos de varios meses hasta la consolidación completa. La rehabilitación progresiva, guiada por el equipo tratante, es tan importante como la cirugía o el reposo inicial para recuperar la función.
Un trabajo de equipo
El manejo de las fracturas de pelvis complejas requiere un equipo con experiencia específica en trauma pélvico y acetabular, coordinado con los equipos de urgencia y cuidados intensivos en los casos de alta energía. Por eso este tipo de lesiones se benefician de ser tratadas en centros con experiencia dedicada a la cadera y la pelvis.
Contenido informativo. No reemplaza la evaluación médica presencial. Ante un traumatismo importante con dolor pélvico, acuda a un servicio de urgencia.
Sobre el autor
Dr. Javier del Río es traumatólogo especialista en cirugía de cadera y pelvis, Jefe del Equipo de Cadera de Mutual de Seguridad y parte del Centro de Cadera de Clínica Las Condes, en Santiago, Chile. Puedes ver su actividad académica y publicaciones aquí, o conocer más sobre el tratamiento de la fractura de pelvis y de la fractura de acetábulo en su sitio.
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